El proyecto, coliderado a nivel global por el King’s College de Londres y General Electric, aborda la toxicidad cardiovascular asociada a los tratamientos oncológicos. Esta complicación es cada vez más frecuente debido a la mayor supervivencia de los pacientes, pero puede llegar a comprometer tanto la eficacia de las terapias contra el cáncer como la vida de las personas una vez superada la enfermedad tumoral. Para evitarlo, COMPASS integrará imagen médica avanzada, biomarcadores, dispositivos wearables, datos clínicos e Inteligencia Artificial (IA) para detectar precozmente el daño en el corazón.
La implicación del Hospital Gregorio Marañón se materializará también en el impulso de iniciativas clínicas de gran calado con el ensayo clínico ACCURATE, orientado a la detección precoz de la disfunción cardíaca inducida por la quimioterapia o radioterapia y a la estratificación del riesgo mediante las citadas herramientas de imagen avanzada. Ir a la noticia.