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El Hospital público Gregorio Marañón mejora el uso de los filtros de vena cava gracias a un protocolo multidisciplinar

Profesionales sanitarios trabajando en su despacho
02 octubre 2026

Un equipo multidisciplinar del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, centro público de la Comunidad de Madrid, ha desarrollado un protocolo clínico estructurado que mejora de forma significativa la indicación y retirada de los filtros de vena cava inferior, incrementando la calidad asistencial sin aumentar las complicaciones asociadas. Su desarrollo ha sido posible gracias a la colaboración entre la Sección de Radiología Vascular e Intervencionista, la Unidad de Enfermedad Tromboembólica Venosa de Medicina Interna y la Sección de Hemostasia de Hematología y Hemoterapia del hospital.

Los filtros de vena cava inferior son dispositivos que se implantan en la vena cava, ubicada en el abdomen, para interceptar coágulos procedentes de las piernas antes de que alcancen los pulmones. Actúan como una “red de seguridad”, ya que no eliminan los coágulos, sino que previenen complicaciones potencialmente graves.

Según explica Francisco Galeano, médico internista del centro, “estos dispositivos están indicados en situaciones muy concretas, principalmente en pacientes con trombosis venosa profunda o embolia pulmonar reciente que no pueden recibir tratamiento anticoagulante”. No obstante, añade que su uso en la práctica clínica ha sido tradicionalmente heterogéneo, con indicaciones fuera de guía y bajas tasas de retirada.

El protocolo implantado (doi.org/10.1007/s11739-026-04361-7) establece criterios claros para la indicación, seguimiento y retirada de los filtros. Incluye revisiones periódicas para evaluar su necesidad y determina el momento óptimo para su retirada, con el objetivo de garantizar la máxima seguridad del paciente.

Para evaluar su impacto, se compararon periodos previo y posterior a su implantación en una cohorte de 234 pacientes, lo que permitió analizar de forma objetiva los cambios en la práctica clínica tras la introducción de este modelo basado en guías y en la coordinación entre servicios. Los resultados evidencian una mejora significativa en la adecuación de la indicación de los filtros, que aumentaron del 74,7% al 88,5%. Asimismo, las tasas de retirada se incrementaron de forma notable del 41,2% al 65,4% a los 90 días y del 41,8% al 73,1% a los 180 días.

Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que la permanencia prolongada de estos dispositivos se asocia a un mayor riesgo de complicaciones, como la formación de nuevos coágulos en las extremidades inferiores, el desplazamiento o la fractura del dispositivo, o la alteración del flujo sanguíneo. Aunque estos eventos son poco frecuentes, su probabilidad aumenta con el tiempo de permanencia. 

En este sentido, el estudio confirma que el incremento en las tasas de retirada no conlleva un aumento de eventos adversos. Además, la retirada del filtro se asoció de manera independiente con una menor mortalidad a los 180 días, lo que refuerza la importancia de optimizar su manejo clínico.

El protocolo, revisado por el Servicio de Medicina Preventiva y aprobado por la Unidad de Enfermedad Tromboembólica Venosa y respaldado por la Universidad Complutense de Madrid, demuestra que es posible mejorar el uso de los filtros de vena cava inferior, aumentar su retirada y reforzar la seguridad del paciente mediante un enfoque coordinado y multidisciplinar.