El Hospital público Clínico San Carlos emplea un programa de ocio con perros que mejora la salud mental de pacientes con trastornos de la conducta alimentaria

En el estudio han participado voluntariamente 11 pacientes con edades comprendidas entre 18 y 35 años -el 90% mujeres- con diagnóstico de trastorno de la conducta alimentaria y que se encontraban en tratamiento psicoterapéutico en el Hospital de Día de Psiquiatría de este hospital público madrileño. Durante los seis meses que ha durado la investigación, se han realizado 13 sesiones en grupos compuestos por cinco y seis personas cada uno para facilitar una mayor interacción entre los pacientes, el perro y los profesionales: un terapeuta ocupacional, una psicóloga y una técnica en intervención asistida con animales.
Aumenta el estado de ánimo, la calma y la alegría; se reduce la tristeza, el miedo y el agobio
Según las escalas y cuestionarios estandarizados utilizados, los investigadores han observado “una mejoría en el estado de ánimo y en la alteración de la percepción de la imagen corporal de los pacientes después de las sesiones, al tiempo que los niveles medios de tristeza, ansiedad e ira disminuyeron, mientras que aumentó el nivel de alegría”, señala la jefa de sección de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos e investigadora principal del estudio, Marina Díaz-Marsá.
También hemos visto que “antes del inicio de las sesiones, la mayoría de los días en la mayoría de los pacientes, predominaban los sentimientos de agobio (36%) y tristeza (32%), seguidos de miedo (16%) y calma (14%), no estando presente el sentimiento de alegría. Tras las sesiones, la mayoría de los pacientes aumentó considerablemente la sensación de calma (69%), apareció el sentimiento de alegría (8%) y se redujeron las sensaciones de agobio (14%), miedo (6%) y tristeza (2%), desapareciendo el sentimiento de ira, lo que indica que a corto plazo la sesiones tienen un efecto de mejora sobre la ansiedad y el estado emocional de los pacientes”, explica Díaz-Marsá.
Aunque todos los pacientes han valorado positivamente el programa, destacando la sensación de calma y el ambiente de confianza generado en las sesiones y aun cuando los resultados muestran una mejoría en la confianza en las relaciones sociales, la percepción del equilibrio ocupacional, la ansiedad social y la alteración de la imagen corporal de los pacientes entre el inicio y el final del estudio, no se puede calcular qué porcentaje de esta mejoría se debe concretamente al programa, ya que el tratamiento de estos pacientes es multidisciplinar y también reciben tratamiento farmacológico.
Efectos salutógenos derivados de la relación entre persona y animal
Se estima que en España hay aproximadamente 400.000 personas con trastornos de la conducta alimentaria, de las que más del 75% son jóvenes de entre 12 y 24 años de edad.
El ocio asistido con animales “puede constituir un beneficio asociado a las terapias ya contrastadas y con evidencia científica. Promueve la recuperación de los pacientes y parece mejorar su bienestar emocional. Desde nuestra experiencia, el programa de ocio asistido con animales podría ser un complemento muy beneficioso; no sólo en la vida de los pacientes, sino también en el propio entorno hospitalario”, comenta la, directora de Programas y Desarrollo en Diversión Solidaria, Adriana Laínez.
El ocio asistido con perros se engloba dentro de las actividades asistidas con animales que, en el caso de este estudio, trata de promover beneficios motivacionales, educativos y recreativos que puedan aumentar la calidad de vida de los pacientes. Estos programas se desarrollan en una amplia gama de ámbitos de actuación siendo la neurorrehabiitación (93%), la educación (89%), la salud mental (76%), la integración social (76%) y la gerontología (75%) los entornos con mayor número de intervenciones asistidas con animales.
La interacción humano-animal ha sido empíricamente asociada a diversos efectos salutógenos derivados tanto de la convivencia con el animal como de la realización de estos programas. En el ámbito de la salud mental se han demostrado beneficios a nivel psicofisiológico reduciendo la ansiedad, y a nivel psicosocial actuando como catalizador o mediador de las relaciones sociales, reducción de los síntomas depresivos y mejores en el autocontrol y reducción de la ira, agitación o agresividad del paciente.
