La salud es uno de los bienes más preciados que tenemos y su pérdida hace cambiar nuestra visión de la propia vida.
Al miedo al dolor y al sufrimiento físico que conlleva la noticia de la intervención quirúrgica, hay que añadirle la preocupación, amenaza y angustia del pronóstico.
La perspectiva de “tener que llevar una bolsa” añade más angustia a las malas noticias y afecta a todas las esferas de la vida diaria.
Lo más frecuente es que el primer pensamiento sea que uno no va ser capaz de soportarlo, que la vida pierde parte de su interés.
Cualquier cambio produce temor, y “la bolsa” está asociada a pensamientos negativos que conllevan tristeza, apatía, pérdida de interés y depresión.