El Hospital Niño Jesús incorpora un curso sobre la comunicación de malas noticias
El curso se organiza con dos objetivos, proporcionar el conocimiento del marco legislativo y ético en estos aspectos y ofrecer un entrenamiento práctico en comunicación de malas noticias. Partiendo de casos concretos propuestos por los mismos pediatras de las áreas de intensivos, urgencias, paliativos y onco-hematología se han desarrollado, en pequeño grupos, ejercicios de role-playing en los que se ha enfrentan situaciones de alto impacto emocional.
En el Centro de Simulación del Hospital Niño Jesús, los alumnos han podido no sólo enfrentarse a casos basados en la realidad, sino también escenificarlos en espacios que parecen zonas o habitaciones de urgencias o intensivos. Además, por el sistema de grabación audiovisual del que dispone este centro ha sido posible reforzar la parte de revisión y análisis, permitiendo mayor observación y capacidad de corrección, tanto desde el punto de vista verbal como no verbal.
“La comunicación de una mala noticia para un médico es siempre una situación difícil, muy incómoda y que puede hacer sufrir y/o provocar mucho estrés al profesional. –explica Carola del Rincón, psicóloga de la Unidad de cuidados Paliativos del Hospital-. Disponer de una serie de habilidades que permitan manejar la situación desde el punto de vista de comunicación y de gestión de sentimientos es clave para todos”.
Ventajas y necesidad para todos, profesionales y pacientes
Con este entrenamiento basado en experiencias real se pretende que el profesional gane en seguridad, tranquilidad y control de emociones; “al sentirse entrenado con habilidades para manejar la situación, el profesional se centra en comunicar a la familia y en informar y de esta forma- explica Carola del Rincón- y se consigue mayor empatía y una comunicación mucho más efectiva, a pesar de comunicar una mala noticia.”
En una comunicación efectiva-afectiva, las familias se sienten acompañadas y entendidas, pueden manifestar sus emociones no les da vergüenza y pueden expresar lo que sienten y consultar sus dudas. Y el médico informa con empatía, como transmisor, sin sentirse culpable, ni temeroso, dedicándole tiempo y tranquilidad a la familia y transmitiéndoles la sensación de estar en un buen lugar, bien atendidos. “El proceso no es fácil, -explica del Rincón- identificar los miedos y las dificultades, conocer nuestras habilidades, potenciarlas, desarrollar nuevas y fortalecer las aptitudes mejorarán todos los aspectos de la comunicación, y por lo tanto, sus resultados".
Durante el curso, se aprende mucho y rápidamente también de otros, de determinados patrones que mejoran la comunicación y la relación médico-familia. Como siempre en estos cursos, esta parte se completa con el análisis de la “actuación” de uno mismo y con la expresión de los sentimientos que estas situaciones provocan. De esta forma tan global, con tantos aspectos, se mejora, se corrigen y se eliminan muchas conductas y se comparten y se liberan mucha presión y muchos miedos”