

Real Fábrica de Tapices
Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento
Fundada en 1721, la Real Fábrica de Tapices cuenta con 300 años de experiencia en la fabricación y restauración de alfombras, tapices y reposteros. Felipe V, en un intento de potenciar la economía nacional, y ante la incapacidad de satisfacer la demanda existente para decorar los Sitios Reales, decidió crear una fábrica de tapices y contrató al tejedor flamenco Jacobo Vandergoten.
La Fábrica se estableció en un edificio próximo al Portillo de Santa Bárbara, conocido como Casa del Abreviador, en los arrabales de la villa, donde permanecerá hasta 1882. En esa fecha Alfonso XII autorizó la demolición de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara para proceder al acuartelamiento y ensanche de Madrid, y ordenó que se construyera un nuevo edificio en la zona del Olivar y Huerta del Convento de Atocha. Su arquitecto José Segundo de Lema terminó la obra en 1888-1889, año en que se ocupó el nuevo edificio, donde continua actualmente la actividad.
Historia de la fábrica
Desde su fundación, la fábrica estuvo vinculada a la Corona. Así, en los primeros momentos se pone al frente de los asuntos económicos un Intendente Real, que será quien establezca las contratas. Paralelamente, la dirección artística corre a cargo de los pintores de la Real Cámara, y su fin era surtir de modelos a los maestros tapiceros y vigilar que la ejecución del tapiz se ajustara a la composición pictórica.
Desde 1744, cuando de unen las Fábricas de Santa Bárbara y Santa Isabel, pasando a denominarse Real Fábrica de Tapices, se establece la obligación de enseñar dibujo y el arte de tejer tapices y alfombras a los jóvenes españoles que lo desearan. En 1750 la fábrica asume la conservación y restauración de todas las tapicerías y alfombras de los Reales Sitios. En 1860 la Corona cede a la familia Stuyck el uso del edificio, en régimen de alquiler, la propiedad de toda la maquinaria y se permite actividad mercantil con particulares.
Durante el siglo XIX y XX disminuyen progresivamente los encargos de la Casa Real, pero aumentan los de las nuevas clases acomodadas. Paralelamente, aumenta la producción de alfombras en detrimento de los tapices y reposteros, que pasan de moda.
Con la República entra en crisis, ya que se deja a la Fábrica sin el apoyo de la Corona. No obstante se mantuvo pasando a llamarse Manufactura Nacional de Tapices y Alfombras, gracias al apoyo de Azaña e Indalecio Prieto.
Durante la Guerra Civil, la Fábrica fue incautada, pero una vez finalizada volvió de nuevo a la familia Stuyck que continuó con la actividad. La creación de la Fundación del Generalísimo, después llamada Fundación de Gremios, supuso otro golpe para la Real Fábrica, ya que le privaba de una de sus funciones tradicionales, al servicio del Patrimonio Nacional. En 1982 se le vuelve a conceder el título de Real Fábrica, y en 1996, a iniciativa de la Corona y del Ministerio de Cultura, la Manufactura se convierte en la Fundación Real Fábrica de Tapices, como una entidad destinada a garantizar la transmisión de los valores culturales de la Fábrica.
La fabricación de textiles
Los productos o manufacturas realizados en la Real Fábrica son el tapiz, la alfombra y el repostero, manteniendo el habitual proceso de elaboración, desde la selección de los materiales de primera calidad hasta el tejido propiamente dicho, pasando por la elaboración del dibujo y el teñido de las lanas y sedas destinadas al tapiz en su taller de tintes —en el caso de las alfombras sean teñidas fuera de la institución—.
En la actualidad solo se ha adaptado a los cambios tecnológicos en lo que se refiere a la transformación de las materias primas, como el cardado e hilado mecánico sustituyendo el manual o el teñido de las lanas y sedas con tintes químicos en sustitución de la tradicional técnica de la tintura con colorantes naturales vegetales o animales, debido a su alto coste económico. Estos cambios iniciados en las primeras décadas del siglo XX, en modo alguno alteran la esencia de la elaboración artesanal de estos tapices o alfombras, que mantienen intactas las formas de hacer desde el siglo XVI.
La tradición andalusí de decorar los muros con ricos tejidos y cubrir sus suelos con alfombras, pervivió en España durante siglos. Por otro lado, en épocas en las que el mobiliario era escaso y la corte se desplazaba con frecuencia, estos elementos se podían transportar con más facilidad para decorar y acondicionar en poco tiempo las cámaras de los palacios y castillos.
- El tapiz: Es un tejido artístico, plano, sin pelo, tejido generalmente con lana de oveja merina y/o seda y, en ocasiones, enriquecido con oro y plata. Como tejido es el resultado de dos grupos de hilos, uno llamado urdimbre sigue la dirección longitudinal del tejido, y otro, llamado trama, sigue la dirección transversal. Su función era múltiple como elemento arquitectónico, al tabicar o compartimentar estancias, adornar paredes de edificios utilizados temporalmente, o incluso engalanar el paso de cortejos o procesiones, siendo colgados de los balcones o de las fachadas. No será hasta el período rococó cuando se asimile a la puntura. En su temática se podían plasmar hechos históricos de relevancia, temas mitológicos, religiosos o novelescos que, junto al tiempo y recursos empleados en su ejecución, eran fiel reflejo del estatus y prestigio de su dueño.
- La alfombra: Es un tejido grueso, normalmente de lana de oveja merina o seda, utilizado para cubrir suelos. En España han tenido gran tradición las alfombras anudadas, recogiendo una técnica de origen oriental. Existían diferentes tipos de nudos, el persa o de Shena, el turco y el español. En la actualidad, se emplea tanto el nudo turco, o simétrico, como el nudo español, o sencillo. Las primeras se tejen por dibujo y las segundas continúan, en su dibujos, la antigua tradición de las alfombras españolas de Cuenca y Alcaraz de los siglos XV a XVII, y se tejen, en la mayoría de los casos por cuadrículas.
- El repostero: Tejido fabricado con la técnica del opus consutum o bordado de aplicación, consistente en el cosido de motivos recortados en otras telas y el bordado complementario, y que generalmente representaban motivos heráldicos. Muchos son los tejidos empleados en su ejecución, como el pañete, terciopelo, raso, damasco, lampás, tissús de oro y plata, pedrerías, galones o flecos de pasamanería. En cuanto a su uso, tradicionalmente venían a identificar el rango del propietario y normalmente se instalaban en la entrada de los edificios y en ocasiones especiales, en iglesias o balcones, para señalar la presencia de su propietario.
El tapiz, como obra de arte y, por tanto, reflejo de las ideas estéticas y culturales de su tiempo, sufre una evolución artística que viene marcada por los pintores cartonistas y que se refleja en los temas representados y en la propia estética del tapiz.
En el siglo XVIII, época de esplendor y mayor producción, los tapices se realizan sobre cartones de Teniers o Wouvermans, traídos de Flandes unas veces, interpretados otras. En ocasiones, destacados pintores realizan nuevos cartones, pero siguen pintando según la tradición flamenca, como es el caso de Andrea Procaccini (1671-1734).
Durante el reinado de Carlos III se decoran especialmente los palacios de El Escorial y El Pardo, donde las salas eran de menores dimensiones y se pretendía que fuesen cómodas y cálidas, con colores claros, por tanto la tapicería debía ser alegre en el tema y en la forma, y se ornamentaban bajo el principio de la unidad de las artes.
Bajo la dirección artística de A. R. Mengs la nota más característica de la Real Fábrica fue el gran número de pintores españoles que realizaron cartones para tapices: Ginés Andrés de Aguirre, José Camarón Meliá, Barbazzana, A. González Velásquez, José del Castillo, entre otros. Además, se produce un cambio fundamental en la elección de los temas que se van a representar, abandonando la tradición flamenca, reproduciéndose temas costumbristas como los del pintor madrileño José del Castillo.
Pero el principal cambio se produce bajo la dirección y bocetos de Francisco Bayeu y Mariano Salvador Maella, quienes junto con Ramón Bayeu y Francisco de Goya, representan la nueva tendencia sustituyendo los temas clásicos por escenas de la vida cotidiana: Majos y majas, damas y caballeros.
En el reinado de Carlos IV, los pintores decoradores y adornistas de Cámara bajo la dirección del arquitecto Juan de Villanueva, realizan una serie de programas decorativos conjuntos donde la pintura mural se combina con las colgaduras, las alfombras, los estucos, las cornisas, los zócalos y el mobiliario. Se establece todo un repertorio ornamental basado en la Antigüedad, con complejas composiciones de figuras escultóricas, arquitecturas fantásticas y fondos paisajistas mezclados con grutescos, roleos, grifos y rosetas.
Posteriormente, durante los siglos XIX y XX, los viejos cartones de las series que habían tenido más éxito se siguen reproduciendo a través de los años, pero la Fábrica se dedicará fundamentalmente a la conservación y restauración de los tapices de la Corona, mientras la obra nueva se centrará en la fabricación de alfombras.
España, desde el siglo XV, alberga uno de los conjuntos más importantes y numerosos de tapices y alfombras, por lo que su fabricación y conservación ha llevado aparejada, desde su inicio, la existencia de verdaderos especialistas. Tradicionalmente el trabajo estaba jerarquizado en maestros tapiceros, oficiales y aprendices, siguiendo el esquema de la mayor parte de los oficios estructurados en gremios. Por ello, los aprendices, a menudo eran hijos de los propios operarios de la fábrica, ingresando en la misma siendo muy jóvenes, e iban aprendiendo el oficio in situ. Tras largos años de práctica y tras superar las correspondientes pruebas, podían adquirir finalmente la categoría de tejedor. Además existían otros oficios aparejados:
- La figura del superintendente era responsable ante el Rey del funcionamiento de la fábrica y una dirección técnica.
- Del Primer Pintor de Cámara dependía la supervisión de los temas y la elección de los artistas que realizaban los cartones.
- En la Furriera, se limpiaban y restauraban los tapices, llevando cuenta de las entradas y salidas.
- El maestro retupidor se encargaba de la conservación de los tapices y el maestro tapicero del dibujo.
- Hilanderas y jornaleros
Al igual que los gremios, la Real Fábrica de Tapices contó con su propia Hermandad (1745) bajo la advocación de Santa Genoveva, Princesa de Brabante, cuyo fin era el de proporcionar asistencia médica y medicinas, así como ayudas en metálico en caso de enfermedad y gastos de entierro. En 1750, la advocación cambia por la de Jesús y María. A partir de 1832, desaparece toda referencia a la Hermandad, siendo sustituida, con las convulsiones sociales de esos años, por la Sociedad Obrera Real Fábrica de Tapices.
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Fotografías: Real Fabrica de Tapices










