El cartel taurino como testimonio gráfico

Dos ejemplos de la cartelería taurina 

Los avances litográficos del siglo XIX permitieron que el cartel se convirtiera progresivamente en un vehículo transmisor fundamental. El mundo taurino no fue ajeno a ellos, por lo que la cartelería se consolidó como un elemento artístico esencial para anunciar y difundir la fiesta de los toros. El cartel de estilo tipográfico dejó paso al de estilo litográfico, ilustrado por grandes artistas como Daniel Perea, entre otros.

Imprentas como la madrileña R. Velasco, generaron toda una tipología documental que se ha perpetuado en el tiempo. Ejemplo de esta actividad, son los dos carteles de grandes dimensiones realizados con motivo de las corridas extraordinarias que fueron organizadas en distintas fechas para conmemorar la despedida de dos espadas, emblemáticos y rivales: Frascuelo y Lagartijo.

 


Dos maestros, dos rivales

Un granadino, Salvador Sánchez Povedano, conocido como Frascuelo (Churriana de la Vega, 1842-1898) y un cordobés, Rafael Molina Sánchez, Lagartijo (1841-1900), llamado así posiblemente por su pequeña estatura y su carácter vivaracho que le caracterizó, fueron unos grandes toreros con características diversas pero extraordinarias, que representaron, por excelencia, la rivalidad taurina del siglo XIX que luego se proseguiría en el siguiente siglo con matadores como José Gómez Ortega, Joselito y Juan Belmonte o Manuel Rodríguez, Manolete y Luis Miguel Dominguín. Como nos dice José María Cossío “Dado el carácter arrebatado y ansioso de gloria y dinero de Salvador, y las ambiciones de Lagartijo, servidas por sus aptitudes excepcionales, la competencia, que había de durar lo que su vida taurina, era inevitable” [1] (Cossío, 1995, p. 746) .

La temporada de 1868 comenzó ese memorable enfrentamiento de estas dos figuras principales de la tauromaquia de finales del siglo XIX. El 6 de octubre de 1889, ambos rivales torearon su última corrida mano a mano.  Eran evidentes dos personalidades diferentes, el valor sin medida de Frascuelo frente a las cualidades innatas de un señoril Lagartijo, que destacó igualmente como banderillero. La elegancia torera del cordobés contrastando con la ruda tarea del matador granadino. Ambos consiguieron que las plazas se llenaran de seguidores y detractores de uno y otro, facilitando unos momentos de gloria y fracaso, en ocasiones, que supusieron unos hitos taurinos inolvidables. No obstante, son reseñables diferentes testimonios que confirman una relación personal amistosa y de admiración mutua.

[1] Cossío, J. M (1995). Los Toros (2ª ed.). Espasa Calpe.  Tomo II. 

 


Dos despedidas de alcurnia

La Biblioteca Regional de Madrid tiene en su colección taurina dos carteles de gran interés por su contenido y tamaño, casi tres metros de longitud ambos, que fueron realizados para festejar las despedidas en Madrid de los dos grandes matadores. Ambas se festejaron con corridas extraordinarias que se celebraron en la antigua Plaza de Toros de Madrid de la Fuente del Berro, con seis toros cada una del Duque de Veragua. La de Frascuelo, el domingo 11 de mayo de 1890 y la de Lagartijo, el 1 de junio de 1893, festividad de Corpus Christi. Destaca en la primera, la intervención, entre otros, del “joven matador Rafael Guerra Guerrita”, Antonio Moreno, Lagartijillo, quien tomó la alternativa, así como Juan Mota, “antiguo   banderillero, y primero que perteneció á la cuadrilla de Frascuelo”. En el cartel dedicado a Lagartijo, firmado por José Cebrián García (1839-1904), figura como espada él mismo. El aplaudido diestro Rafael Bejarano Torerito, asistió para sustituir al diestro cordobés por si le ocurriera algún percance.

La imprenta madrileña R. Velasco fue la encargada de la impresión consiguiendo unos carteles de gran envergadura y de cuidada tarea ilustrativa, resaltando el color, las orlas decorativas y, sobre todo, los retratos en la cabecera de ambos toreros.  En el cartel de Lagartijo, se observan más elementos alegóricos y decorativos como las arquerías de la Mezquita de Córdoba que acompañan el retrato en un medallón del también conocido El Gran Califa, quien no tuvo mucho éxito ese día en el coso madrileño. J. Palacios de la calle Arenal, 27 de Madrid, fue la litográfica encargada de este cartel anunciador que como el anterior son un testimonio gráfico único de dos momentos taurinos protagonizados por dos diestros que representaron, respectivamente, un antes y un después en la lidia.

Acceso a los siguientes documentos en la Biblioteca Digital: 

Cartel taurino (1890), despedida Frascuelo

Cartel taurino (1893), despedida Lagartijo

Álbum ¡A los toros! (ca.1900), acuarelas Daniel Perea 

Carteles taurinos en la Biblioteca Digital de Madrid