Monumento Ecuestre al Rey Felipe III, en la Plaza Mayor de Madrid

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Monumento Ecuestre al Rey Felipe III
Bien de Interés Cultural

El Monumento ecuestre al rey Felipe III de España en la Plaza Mayor de Madrid se compone de una escultura manierista en bronce de tamaño mayor que el natural y de un pedestal arquitectónico de época posterior.

El retrato ecuestre es la parte fundamental del monumento. El rey aparece con rostro joven y sonriente, mostrando serenidad. Lleva la cabeza descubierta y se protege con media armadura, con el peto decorado con bajorrelieves. Destaca el cuello con gran gola, según la moda del momento. Se unen a la imagen real elementos iconográficos de procedencia diversa, atributos de poder que indican el rango del personaje. Sobre el pecho aparece el collar de la Orden del Toisón de Oro, de origen borgoñón, mientras que la mano derecha sujeta el bastón de mando, sirviéndose de la izquierda para sujetar las riendas.

El caballo, avanzando al paso, levanta una de las patas delanteras, dando movimiento a la figura.  En la cincha aparece la firma del escultor Pietro Tacca.

Sobre el zócalo de granito apoyan varias molduras con decoración vegetal, triglifos y hojas de laurel. En los laterales del cuerpo intermedio se sitúan dos lápidas alegóricas con relieves esculpidos que representan trofeos bélicos. En el semicilindro frontal aparece un relieve de carácter heráldico con los escudos hermanados de la Casa Real y de la Villa de Madrid sobre cartela de cuero recortado, rematado por la corona real. En el semicilindro posterior se ubica una lápida con letras sueltas en bronce alusiva a la colocación del monumento ecuestre en la Plaza Mayor por la reina Isabel II.

El Gran duque Fernando I de Medici encargó la escultura en 1606 al escultor Jean Boulogne (Douai 1529- Florencia 1608), llamado Giambologna en Italia y Juan de Bolonia en España. Fue enviada a la corte española, como obsequio al soberano a través del Duque de Lerma.

Este escultor manierista de origen flamenco, educado en Amberes y posteriormente en Roma, admirador de la obra de Miguel Ángel, es figura clave para entender el resurgir de la escultura ecuestre monumental. 

El flamenco llegó a modelar el caballo, pero falleció antes de realizar la figura real, que puede atribuirse a Pietro Tacca siguiendo un retrato realizado por Juan Pantoja de la Cruz.

El retrato ecuestre del rey Felipe III continúa la línea de los bronces anteriores realizados por Giambologna en cuanto a la postura del caballo, correspondiendo al modelo ya experimentado de crines largas, pata delantera alzada y cuello encorvado. 

La obra se depositó de forma provisional en los jardines del Alcázar de Madrid, pasando en 1617 al Jardín Reservado de la Casa de Campo, frente al antiguo palacete de los Vargas. Este jardín renacentista de paseos y parterres geométricos a la italiana estaba presidido por la fuente del Águila, delante de la cual se colocó la estatua ecuestre sobre un pedestal.

En mayo de 1846, Ramón de Mesonero Romanos, escritor, cronista de la Villa y concejal del Ayuntamiento de Madrid presentó al Consistorio su Proyecto de Mejoras Generales de Madrid, donde proponía la reforma de la Plaza Mayor y el traslado de la estatua ecuestre de Felipe III al centro de la misma, para exhibir su belleza artística y por representar al monarca que mandó construir la plaza.

Esta propuesta se materializó en una petición oficial del Ayuntamiento a Isabel II en diciembre de ese año, que fue aceptada por la reina en 1847.

El Ayuntamiento encargó al arquitecto Juan José Sánchez Pescador, autor de las Casas del Cordero de la Puerta del Sol, el diseño de un nuevo pedestal para la escultura, su desmontaje y traslado. El trabajo escultórico se encargó a Sabino de Medina de la Torriente. Los trabajos se realizaron durante el año 1848 y el monumento quedó completamente terminado a comienzos de 1849.

Tras la revolución de 1868 la escultura fue retirada a los almacenes de la Villa. Durante la Primera República se planteó su sustitución por una alegoría de los Mártires del 7 de julio de 1822, que quedó solo en proyecto. En 1875, coincidiendo con la Restauración Borbónica, volvió a ocupar su lugar en el centro de la plaza.

En abril de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, el monumento sufrió un atentado al introducir petardos a través de la boca del caballo. La explosión le produjo serios desperfectos. La cornisa o plataforma superior del pedestal cayó al suelo, arrastrando consigo el grupo escultórico, quebrándose las patas del caballo. El animal perdió además la cabeza, parte del cuello, la grupa y fragmentos de las cuatro patas. El jinete quedó decapitado y sin el brazo derecho. Se perdieron las bridas, las riendas, la daga y el bastón de mando. La restauración fue encomendada por el Ayuntamiento de Madrid al escultor Juan Cristóbal González Quesada, que ensambló los fragmentos, parcheó las partes deterioradas y reconstruyó lo perdido, incluyendo las cabezas del caballo y del jinete.

Hasta la fecha no se ha podido documentar si se refundió el material original o en algunos elementos se aportó bronce nuevo. Esta laboriosa restauración de más de cien piezas concluyó en 1934, devolviéndose el grupo escultórico a su lugar. Durante la Guerra Civil se mantuvo en el centro de la plaza, protegida por un sólido castillete de obra.

En el año 1970, la escultura y su pedestal fueron desmontados nuevamente para realizar las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaza Mayor. En 1971 quedó instalada en su forma actual, con una nueva verja más pequeña y sencilla.

El Monumento ecuestre al rey Felipe III de España en la Plaza Mayor de Madrid se compone de una escultura manierista en bronce de tamaño mayor que el natural y de un pedestal arquitectónico de época posterior.

El retrato ecuestre es la parte fundamental del monumento. El rey aparece con rostro joven y sonriente, mostrando serenidad. Lleva la cabeza descubierta y se protege con media armadura, con el peto decorado con bajorrelieves. Destaca el cuello con gran gola, según la moda del momento. Se unen a la imagen real elementos iconográficos de procedencia diversa, atributos de poder que indican el rango del personaje. Sobre el pecho aparece el collar de la Orden del Toisón de Oro, de origen borgoñón, mientras que la mano derecha sujeta el bastón de mando, sirviéndose de la izquierda para sujetar las riendas.

El caballo, avanzando al paso, levanta una de las patas delanteras, dando movimiento a la figura.  En la cincha aparece la firma del escultor Pietro Tacca.

Sobre el zócalo de granito apoyan varias molduras con decoración vegetal, triglifos y hojas de laurel. En los laterales del cuerpo intermedio se sitúan dos lápidas alegóricas con relieves esculpidos que representan trofeos bélicos. En el semicilindro frontal aparece un relieve de carácter heráldico con los escudos hermanados de la Casa Real y de la Villa de Madrid sobre cartela de cuero recortado, rematado por la corona real. En el semicilindro posterior se ubica una lápida con letras sueltas en bronce alusiva a la colocación del monumento ecuestre en la Plaza Mayor por la reina Isabel II.

El Gran duque Fernando I de Medici encargó la escultura en 1606 al escultor Jean Boulogne (Douai 1529- Florencia 1608), llamado Giambologna en Italia y Juan de Bolonia en España. Fue enviada a la corte española, como obsequio al soberano a través del Duque de Lerma.

Este escultor manierista de origen flamenco, educado en Amberes y posteriormente en Roma, admirador de la obra de Miguel Ángel, es figura clave para entender el resurgir de la escultura ecuestre monumental. 

El flamenco llegó a modelar el caballo, pero falleció antes de realizar la figura real, que puede atribuirse a Pietro Tacca siguiendo un retrato realizado por Juan Pantoja de la Cruz.

El retrato ecuestre del rey Felipe III continúa la línea de los bronces anteriores realizados por Giambologna en cuanto a la postura del caballo, correspondiendo al modelo ya experimentado de crines largas, pata delantera alzada y cuello encorvado. 

La obra se depositó de forma provisional en los jardines del Alcázar de Madrid, pasando en 1617 al Jardín Reservado de la Casa de Campo, frente al antiguo palacete de los Vargas. Este jardín renacentista de paseos y parterres geométricos a la italiana estaba presidido por la fuente del Águila, delante de la cual se colocó la estatua ecuestre sobre un pedestal.

En mayo de 1846, Ramón de Mesonero Romanos, escritor, cronista de la Villa y concejal del Ayuntamiento de Madrid presentó al Consistorio su Proyecto de Mejoras Generales de Madrid, donde proponía la reforma de la Plaza Mayor y el traslado de la estatua ecuestre de Felipe III al centro de la misma, para exhibir su belleza artística y por representar al monarca que mandó construir la plaza.

Esta propuesta se materializó en una petición oficial del Ayuntamiento a Isabel II en diciembre de ese año, que fue aceptada por la reina en 1847.

El Ayuntamiento encargó al arquitecto Juan José Sánchez Pescador, autor de las Casas del Cordero de la Puerta del Sol, el diseño de un nuevo pedestal para la escultura, su desmontaje y traslado. El trabajo escultórico se encargó a Sabino de Medina de la Torriente. Los trabajos se realizaron durante el año 1848 y el monumento quedó completamente terminado a comienzos de 1849.

Tras la revolución de 1868 la escultura fue retirada a los almacenes de la Villa. Durante la Primera República se planteó su sustitución por una alegoría de los Mártires del 7 de julio de 1822, que quedó solo en proyecto. En 1875, coincidiendo con la Restauración Borbónica, volvió a ocupar su lugar en el centro de la plaza.

En abril de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, el monumento sufrió un atentado al introducir petardos a través de la boca del caballo. La explosión le produjo serios desperfectos. La cornisa o plataforma superior del pedestal cayó al suelo, arrastrando consigo el grupo escultórico, quebrándose las patas del caballo. El animal perdió además la cabeza, parte del cuello, la grupa y fragmentos de las cuatro patas. El jinete quedó decapitado y sin el brazo derecho. Se perdieron las bridas, las riendas, la daga y el bastón de mando. La restauración fue encomendada por el Ayuntamiento de Madrid al escultor Juan Cristóbal González Quesada, que ensambló los fragmentos, parcheó las partes deterioradas y reconstruyó lo perdido, incluyendo las cabezas del caballo y del jinete.

Hasta la fecha no se ha podido documentar si se refundió el material original o en algunos elementos se aportó bronce nuevo. Esta laboriosa restauración de más de cien piezas concluyó en 1934, devolviéndose el grupo escultórico a su lugar. Durante la Guerra Civil se mantuvo en el centro de la plaza, protegida por un sólido castillete de obra.

En el año 1970, la escultura y su pedestal fueron desmontados nuevamente para realizar las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaza Mayor. En 1971 quedó instalada en su forma actual, con una nueva verja más pequeña y sencilla.

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