

Monumento Ecuestre al General Martínez Campos
Bien de Interés Cultural
Ubicado en la plaza de Guatemala, en el Parque del Retiro de Madrid y obra de Mariano Benlliure, es un conjunto compuesto por tres piezas superpuestas de diferente naturaleza: un pedestal, una gran roca y la estatua ecuestre. Se trata de una representación de gran realismo en la composición, el gesto y los detalles. Recrea el momento en que el general detiene el caballo sobre un risco, contemplando desde su atalaya el horizonte o quizás el campo de batalla.
Benlliure consiguió plasmar el carácter del personaje con el gesto y la actitud, componiendo un retrato psicológico alejado del tono heroico tan frecuente en este tipo de representaciones. Junto con el equilibrio de volúmenes y la perfección de las formas, se convierte en una de las mejores estatuas ecuestres de su época, digna sucesora de otros ejemplos ilustres en la historia del arte europeo, siendo condecorado Benlliure con la Gran Cruz del Mérito Militar.
Testimonio de un momento histórico marcado en el sentimiento colectivo de los españoles por la pérdida de los últimos restos del Imperio Colonial, esta obra es una reflexión sobre el papel del militar en la sociedad, que conecta de modo natural e inevitable con el espíritu de la Generación del 98.
Monumento Ecuestre al General Martínez Campos
- El pedestal es una pieza prismática escalonada, chapada en mármol blanco, de 7 metros de largo, 5 de ancho y 4 de altura. El peñasco o cima rocosa tiene la misión de contextualizar la estatua del militar en campaña. Está configurado como un elemento natural con la superficie sin desbastar, con entrantes y salientes. Esta aportación supuso una cierta novedad en la época, aunque existía el precedente de la estatua ecuestre del zar Pedro el Grande en San Petersburgo. En la obra de Benlliure, el peñasco recrea un accidente natural en consonancia con el carácter naturalista de la propia escultura. El pretendido peñasco de piedra caliza, formado por numerosas piezas encajadas entre sí, es a su vez soporte de distintos elementos, como lápidas e inscripciones que informan de sus campañas militares, así como de los datos de la promoción e inauguración del monumento. Sirve también de fondo y soporte para un trofeo fundido en bronce, elemento iconográfico clásico en la escultura conmemorativa militar. En dos de sus caras está tallado con relieves que ilustran una de sus campañas bélicas.
- El trofeo bélico, a modo de homenaje, está situado sobre una grada en la parte frontal, con la roca como telón de fondo. Está constituido por dos banderas simétricamente dispuestas, de las armas de caballería y de infantería, un tambor, los restos de un cañón, una coraza, un casco y otras armas, con restos de una guirnalda vegetal. Sobre el trofeo, con letras de bronce sobre la piedra, se puede leer la dedicatoria, «Al general Martínez Campos, modelo de patriotas y soldados, España».
- La escena esculpida carcome la roca en su cara norte y oeste, al modo de los frisos o relieves narrativos romanos, y representa un movido episodio de la batalla de Los Castillejos (1860) en la que Martínez Campos tomó parte a las órdenes del general Prim. Se trata de un relieve en sutil gradación, desde los cactus y armas de fuego apenas insinuadas en el extremo este, hasta la técnica de altorrelieve y figuras casi de bulto redondo en el extremo opuesto, terminando en una figura de militar a caballo, donde la utilización de diferentes planos, crea el efecto de ilusión espacial. Aunque se trata de talla directa en la piedra caliza, el tratamiento superficial recuerda al modelado en barro, dando la sensación de haber trabajado una materia blanda y maleable.
- La estatua ecuestre del general en traje de campaña está fundida en bronce a partir de un modelo realizado en barro por la Fundición Masriera y Campins de Barcelona. El caballo está tratado con numerosos detalles de virtuosismo como las venas hinchadas, las cinchas o la cola y las crines agitadas por el viento. La textura del bronce conserva la huella del modelado previo en barro, técnica en la que Benlliure era un auténtico maestro, huyendo de las superficies lisas y pulidas. La factura rugosa y áspera del metal unido a la potencia escultórica, proporciona al monumento una gran belleza plástica.
(Valencia, 1862-Madrid 1947), nació en una familia de tradición artística. Su padre fue decorador y sus tres hermanos pintores.
Comenzó su enseñanza artística alternando pintura y escultura, dentro de las pautas del realismo académico, primero en Valencia con Francisco Domingo, después en Madrid con su hermano José y más tarde en París con Domingo Marqués.
Un viaje a Roma en 1879 le decidió a dedicarse por completo a la escultura, y abrió un estudio donde vivió hasta su traslado definitivo a Madrid en 1896. Obtuvo Medallas en las Exposiciones Internacionales de Berlín, Munich, Viena, París y Buenos Aires, entre otras, siendo quizás el punto álgido de su carrera la concesión de la Medalla de Honor de la Exposición Universal de París de 1900 por un conjunto de obras, entre las que figuraba el monumento-mausoleo del tenor Julián Gayarre.
Fue Director de la Academia Española de Roma y del Museo de Arte Moderno de Madrid, así como Director General de Bellas Artes, siendo considerado el escultor oficial de la Restauración Borbónica. Entre su amplia obra, que abarca diversos géneros, como la medallística, el retrato o la imaginería religiosa, ocupa un lugar destacado la escultura pública monumental y funeraria, de la que dejó casi un centenar de ejemplos en España, Europa e Iberoamérica.
Su estilo, dentro siempre de los parámetros del naturalismo, supo combinar el modelado nervioso y rápido del barro, que trasladó al bronce incluso las huellas de los dedos, con un detallismo minucioso en la ejecución.











