Descarga la declaración BOE de martes 14 de febrero de 1984
Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias
El actual conjunto monástico es el resultado de numerosas obras y transformaciones que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo, desde su fundación en el siglo XII hasta el XVIII.
Los orígenes del monasterio, ubicado en Pelayos de la Presa, parecen remontarse a época mozárabe, cuando existían distintos eremitorios dispersos por el valle, entre los que destacaba uno dedicado a la Santa Cruz.
La construcción del templo debió iniciarse hacia 1180. En su apariencia actual se pueden apreciar hasta cinco etapas diferentes a lo largo del tiempo.
El declive del monasterio se inició en este último siglo debido a diversas causas, como la reducción de la comunidad de monjes y el importante incendio producido en 1743 que afectó a numerosas dependencias.
Ya en el siglo XIX, sufrió el saqueo de las tropas napoleónicas y después, a partir de 1836, las consecuencias de las políticas desamortizadoras, con la consiguiente pérdida de bienes y el deterioro del edificio. En 1884 fue subastado por el Estado sucediéndose, a partir de entonces, diferentes propietarios hasta su adquisición en 1974 por el arquitecto Don Mariano García Benito, que inició la labor de recuperación y restauración.
En el año 2004 fue donado por su propietario al municipio de Pelayos de la Presa, gestionado por la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias. A partir de este momento, la Comunidad de Madrid, consciente del valor histórico y artístico de este monumento, declarado Monumento Histórico Artístico en 1967 y refrendado posteriormente por R.D. de 23 de noviembre de 1983 como Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional, comenzó el proceso de recuperación del monasterio.
La iglesia del monasterio responde a una planta de tres ábsides, crucero y nave única. Sus tres ábsides son claramente originales, fechables en el entorno de 1200. Se trata de un modelo de cabecera típicamente cisterciense, en el que el ábside central es de planta semicircular, mientras los laterales rematan exteriormente en un testero plano.
La sobriedad es característica fundamental de toda la construcción, con total austeridad en lo decorativo. Todo ello es propio de la arquitectura cisterciense de finales del siglo XII y principios del XIII, aún fuertemente vinculada al románico, pero incluyendo elementos propios del protogótico.
Sobre el tramo recto del ábside central subsisten los restos de un pequeño campanario, aparentemente perteneciente a esta misma construcción original o algo posterior..
El templo cuenta con un crucero que abarca la anchura de los tres ábsides y una única nave. Originalmente, debieron contar con cubiertas de madera que desaparecieron, posiblemente ya, en un incendio ocurrido en el año 1258 que destruyó parte de la iglesia, que fue posteriormente reconstruida. Solo las ventanas de medio punto de la nave, construidas en sillería, parecen corresponder a la obra original.
La obra posterior evidencia características arquitectónicas mudéjares, como muestran los muros norte del crucero y de la nave construidos de mampostería encintada en verdugadas de ladrillo, material característico del mudéjar de esta zona.
Posteriores transformaciones tuvieron lugar a finales de época gótica, en tiempos de los Reyes Católicos. Entonces nave y crucero se sobreelevaron, cubriéndose con bóvedas de crucería con terceletes y reforzándose exteriormente los muros con contrafuertes. Se construyó un nuevo refectorio y se regularizó toda esta zona cuya superficie era producto de intervenciones parciales anteriores.
En el lado sur de la iglesia existe una irregularidad en la traza del conjunto, pues el muro de la iglesia no corre paralelo a ese lado del claustro, sino que ambos se abren en ángulo desde el crucero, dejando un espacio abierto de planta trapezoidal donde se conserva la llamada “capilla mozárabe”. Se la ha supuesto anterior a la construcción del templo y vinculada a los orígenes del cenobio, y su calificación se ha justificado en la aparente utilización del pie mozárabe como patrón métrico.
El claustro, ubicado al sur del templo, estaba rodeado de las dependencias monásticas correspondientes. La sacristía y la sala capitular estaban en su panda oriental, así como el armarium y la antesacristía. En este mismo lado se encuentra el acceso a un manantial situado en el subsuelo mediante una escalera de piedra. La cocina y el refectorio se ubicaban en el lado meridional.
En el lado oeste del claustro se encontrarían la cilla y la zona de conversos. Lo conservado en la actualidad se corresponde en parte con la renovación del conjunto en época tardogótica, y a ello corresponden los arcos apuntados de la galería inferior, así como las bóvedas de crucería de la antesacristía, el armarium y la esquina nororiental del claustro.
Ya en la segunda mitad del siglo XVII se construyó una nueva fachada occidental de la iglesia, cuya apariencia se corresponde con la del arte barroco de la época, y que conserva los escudos de Valdeiglesias, de la monarquía y de la Observancia de Castilla, a la que el monasterio se incorporó a finales del siglo XV.
Algunas de las esculturas que se encontraban en las hornacinas de dicha fachada se han recuperado y se custodian actualmente en el mismo monasterio.
Los orígenes del monasterio, ubicado en Pelayos de la Presa, parecen remontarse a época mozárabe, cuando existían distintos eremitorios dispersos por el valle, entre los que destacaba uno dedicado a la Santa Cruz.
La construcción del templo debió iniciarse hacia 1180. En su apariencia actual se pueden apreciar hasta cinco etapas diferentes a lo largo del tiempo.
El declive del monasterio se inició en este último siglo debido a diversas causas, como la reducción de la comunidad de monjes y el importante incendio producido en 1743 que afectó a numerosas dependencias.
Ya en el siglo XIX, sufrió el saqueo de las tropas napoleónicas y después, a partir de 1836, las consecuencias de las políticas desamortizadoras, con la consiguiente pérdida de bienes y el deterioro del edificio. En 1884 fue subastado por el Estado sucediéndose, a partir de entonces, diferentes propietarios hasta su adquisición en 1974 por el arquitecto Don Mariano García Benito, que inició la labor de recuperación y restauración.
En el año 2004 fue donado por su propietario al municipio de Pelayos de la Presa, gestionado por la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias. A partir de este momento, la Comunidad de Madrid, consciente del valor histórico y artístico de este monumento, declarado Monumento Histórico Artístico en 1967 y refrendado posteriormente por R.D. de 23 de noviembre de 1983 como Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional, comenzó el proceso de recuperación del monasterio.
La iglesia del monasterio responde a una planta de tres ábsides, crucero y nave única. Sus tres ábsides son claramente originales, fechables en el entorno de 1200. Se trata de un modelo de cabecera típicamente cisterciense, en el que el ábside central es de planta semicircular, mientras los laterales rematan exteriormente en un testero plano.
La sobriedad es característica fundamental de toda la construcción, con total austeridad en lo decorativo. Todo ello es propio de la arquitectura cisterciense de finales del siglo XII y principios del XIII, aún fuertemente vinculada al románico, pero incluyendo elementos propios del protogótico.
Sobre el tramo recto del ábside central subsisten los restos de un pequeño campanario, aparentemente perteneciente a esta misma construcción original o algo posterior..
El templo cuenta con un crucero que abarca la anchura de los tres ábsides y una única nave. Originalmente, debieron contar con cubiertas de madera que desaparecieron, posiblemente ya, en un incendio ocurrido en el año 1258 que destruyó parte de la iglesia, que fue posteriormente reconstruida. Solo las ventanas de medio punto de la nave, construidas en sillería, parecen corresponder a la obra original.
La obra posterior evidencia características arquitectónicas mudéjares, como muestran los muros norte del crucero y de la nave construidos de mampostería encintada en verdugadas de ladrillo, material característico del mudéjar de esta zona.
Posteriores transformaciones tuvieron lugar a finales de época gótica, en tiempos de los Reyes Católicos. Entonces nave y crucero se sobreelevaron, cubriéndose con bóvedas de crucería con terceletes y reforzándose exteriormente los muros con contrafuertes. Se construyó un nuevo refectorio y se regularizó toda esta zona cuya superficie era producto de intervenciones parciales anteriores.
En el lado sur de la iglesia existe una irregularidad en la traza del conjunto, pues el muro de la iglesia no corre paralelo a ese lado del claustro, sino que ambos se abren en ángulo desde el crucero, dejando un espacio abierto de planta trapezoidal donde se conserva la llamada “capilla mozárabe”. Se la ha supuesto anterior a la construcción del templo y vinculada a los orígenes del cenobio, y su calificación se ha justificado en la aparente utilización del pie mozárabe como patrón métrico.
El claustro, ubicado al sur del templo, estaba rodeado de las dependencias monásticas correspondientes. La sacristía y la sala capitular estaban en su panda oriental, así como el armarium y la antesacristía. En este mismo lado se encuentra el acceso a un manantial situado en el subsuelo mediante una escalera de piedra. La cocina y el refectorio se ubicaban en el lado meridional.
En el lado oeste del claustro se encontrarían la cilla y la zona de conversos. Lo conservado en la actualidad se corresponde en parte con la renovación del conjunto en época tardogótica, y a ello corresponden los arcos apuntados de la galería inferior, así como las bóvedas de crucería de la antesacristía, el armarium y la esquina nororiental del claustro.
Ya en la segunda mitad del siglo XVII se construyó una nueva fachada occidental de la iglesia, cuya apariencia se corresponde con la del arte barroco de la época, y que conserva los escudos de Valdeiglesias, de la monarquía y de la Observancia de Castilla, a la que el monasterio se incorporó a finales del siglo XV.
Algunas de las esculturas que se encontraban en las hornacinas de dicha fachada se han recuperado y se custodian actualmente en el mismo monasterio.
Planta del Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias
Restauración
Galería de imágenes
Fotografías: Miguel Ángel Camón Cisneros, Dirección General de Patrimonio Cultural
Declaración BIC

















