El Hospital público Severo Ochoa impulsa un programa de ejercicio físico con pacientes de cáncer de pulmón
El Hospital Universitario Severo Ochoa, perteneciente a la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid, desarrolla un programa de ejercicio físico dirigido a pacientes con cáncer de pulmón avanzado que reciben tratamiento activo. La iniciativa, impulsada por el Servicio de Oncología Médica, integra sesiones de entrenamiento supervisadas dentro del propio centro hospitalario con el objetivo de mejorar la capacidad funcional, reducir síntomas asociados a la enfermedad y favorecer la autonomía y calidad de vida de los participantes. Entre 20 y 30 pacientes con cáncer de pulmón avanzado han participado en sesiones supervisadas de entrenamiento adaptado dentro del hospital.
Los pacientes incluidos presentan enfermedad en estadios avanzados y reciben tratamientos activos como quimioterapia, inmunoterapia o radioterapia. La edad media de los participantes se sitúa en torno a los 70 años. Todos ellos realizan una valoración inicial y otra final que permite medir la evolución de su condición física y analizar el impacto del ejercicio sobre su estado general.
Ejercicio físico como parte del abordaje integral del cáncer
El programa contempla dos sesiones semanales de entrenamiento supervisado, desarrolladas en grupos reducidos dentro del hospital. Cada paciente realiza dos horas de actividad física a la semana bajo la dirección de dos profesionales especializados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFYD), en coordinación con el equipo de Oncología Médica. "Muchos pacientes llegan pensando que no van a ser capaces de entrenar por el impacto de la enfermedad o de los tratamientos. Sin embargo, a medida que avanzan las semanas descubren que pueden recuperar fuerza, resistencia y autonomía para realizar actividades que habían dejado de hacer", destaca el coordinador del programa y profesional CAFYD, Álex Barrera.
Las sesiones combinan ejercicios de fuerza y trabajo aeróbico adaptados a las características clínicas de cada participante. Para ello, se emplean materiales como bandas elásticas, mini bandas, mancuernas y steps. Según Álvaro Quiñones, también profesional CAFYD, "el objetivo no es solo que hagan ejercicio, sino que aprendan a incorporarlo de forma segura a su vida diaria. Adaptamos cada sesión a la situación clínica de cada paciente para que puedan mejorar su condición física y controlar síntomas como la fatiga o la falta de aire".
Los profesionales monitorizan de forma continua la intensidad del ejercicio mediante escalas de esfuerzo percibido que permiten adaptar cada sesión al estado físico del paciente y a los efectos derivados de los tratamientos oncológicos. Esta supervisión garantiza la seguridad de la actividad física y facilita una progresión individualizada.
Recuperar autonomía y confianza durante el tratamiento
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su impacto sobre la autonomía personal de los participantes. Los responsables del programa señalan que muchos pacientes descubren capacidades que creían haber perdido tras el diagnóstico y consiguen retomar actividades cotidianas que habían abandonado a causa de la enfermedad o de los efectos secundarios de los tratamientos.
La experiencia grupal constituye además un importante elemento de apoyo emocional. Los pacientes comparten objetivos, progresos y experiencias personales en un entorno que favorece la motivación y la adherencia al ejercicio físico. Los mensajes de agradecimiento recogidos por los responsables del proyecto reflejan la satisfacción de los participantes y la percepción de que el ejercicio contribuye a recuperar calidad de vida y bienestar emocional.
Al finalizar cada ciclo, los participantes reciben un informe personalizado que incluye la evolución de su composición corporal, los resultados de actividad física monitorizada mediante acelerómetros y recomendaciones individualizadas para mantener hábitos activos fuera del hospital. Además, disponen de rutinas adaptadas para continuar entrenando de forma autónoma.
Investigación y evidencia científica desde la práctica clínica
El programa incorpora una importante vertiente investigadora. El Servicio de Oncología Médica recoge muestras y datos clínicos de los participantes para analizar científicamente los efectos del ejercicio físico sobre la evolución de la enfermedad y sobre diferentes parámetros relacionados con la salud y la calidad de vida.
La jefa del Servicio de Oncología Médica, Ana López Martín, destaca que esta iniciativa “representa uno de los proyectos más ilusionantes del servicio porque permite ofrecer a los pacientes herramientas complementarias a los tratamientos convencionales y, al mismo tiempo, generar conocimiento científico que contribuya a consolidar este modelo asistencial”. La facultativa especialista en Oncología, Ana Garrido, añade también que “lo más gratificante es comprobar cómo pacientes que llegan con muchas dudas terminan convirtiéndose en los mejores embajadores del programa. Ver cómo recuperan confianza, autonomía y ganas de seguir activos da sentido a todo el trabajo que realizamos"
Adaptación y mejoras de los espacios para el entrenamiento
El Hospital Universitario Severo Ochoa trabaja ya en la ampliación y consolidación de esta línea asistencial. El proyecto cuenta con el respaldo de la Dirección Médica y prevé la mejora de los espacios destinados al entrenamiento para disponer de instalaciones específicas adaptadas a las necesidades de los pacientes oncológicos.
El objetivo es ampliar progresivamente el número de beneficiarios y consolidar un modelo asistencial que integra actividad física, atención clínica, investigación y humanización en el cuidado de las personas con enfermedad oncológica.


