Sesión de trabajo: El calendario escolar
El pasado 20 de enero, el Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid organizó una sesión de trabajo sobre el calendario escolar. La sesión se celebró en el ISMIE y tenía por objetivo realizar un análisis reflexivo, sosegado y profundo sobre la organización de los tiempos escolares y otras cuestiones que, de forma habitual, surgen en el seno del Consejo al dictaminar la Orden por la que se establece el calendario escolar para el curso siguiente en los Centros Educativos no Universitarios Sostenidos con Fondos Públicos de la Comunidad de Madrid, que se dictamina anualmente.

El encuentro reunió a diferentes miembros del Consejo Escolar y de las organizaciones que forman parte de éste: profesores, familias, organizaciones sindicales, administración educativa, asociaciones de directores, etc.
La sesión se inició con la bienvenida de Eva María Fernández Cabanillas, Directora del ISMIE, que prestó una extraordinaria colaboración para el desarrollo de la jornada. A continuación, tomó la palabra Pilar Ponce Velasco, Presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, quien destacó la relevancia de propiciar momentos de reflexión compartida sobre un asunto que sigue generando debate en la comunidad educativa. Y recordó que ya en 2016 este tema se trató en el marco del Encuentro Familia-Escuela.
Tras las bienvenidas, Javier M. del Valle López, Profesor Titular de la Universidad Autónoma de Madrid y Coordinador del Grupo de Investigación sobre “Política Educativa Supranacional” (GIPES) Los calendarios escolares: Sintonía y variaciones en nuestro entorno europeo.
Durante su exposición, Javier Valle presentó una visión fundamentada en el análisis de datos y estudios de organismos internacionales, así como en la comparación de distintos modelos de calendario escolar en el ámbito europeo. En este contexto, destacó la dificultad de establecer comparaciones homogéneas y subrayó que el número de días lectivos, por sí solo, no es un factor determinante del rendimiento académico. Destacó, además, la incidencia de aspectos sociales, organizativos y pedagógicos del sistema educativo y defendió que el debate debe centrarse en la distribución equilibrada de los tiempos de aprendizaje y descanso, evitando periodos excesivamente largos.
Señaló que la media de días lectivos, a nivel europeo está en 181 y que las Escuelas Europeas recomiendan 185 días. Insistió en la importancia de lo “glocal”: tener una visión global pero adoptar una posición local. “Lo importante no es cuánto tiempo se pasa en la escuela sino qué hacemos ahí”.
Finalmente, abogó por modelos más flexibles que optimicen el tiempo escolar y favorezcan una mayor apertura de los centros, aprovechando los recursos existentes. El profesor Valle hizo referencia a la necesidad de contar con un sistema que actúe con “flexibilidad, audacia y creatividad”, considerados factores fundamentales para adaptarse a las necesidades de los alumnos y de la sociedad de cada momento.
A continuación, tuvo lugar la mesa redonda denominada “El calendario escolar en España: diversidad territorial y aprendizajes comunes”, en la que participaron Mónica Haro Porres, presidenta de CONCAPA Cantabria y consejera del Consejo Escolar de Cantabria; Ramón Izquierdo Castillejo, secretario de Acción Sindical de ANPE y consejero del Consejo Escolar del Estado; Rafael Feíto Alonso, catedrático de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y Ana Asunción Díaz Gómez, asesora técnico-docente de la Dirección General de Educación Infantil, Primaria y Especial. La mesa fue moderada por José Manuel Arribas Álvarez, vicepresidente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid.
Durante el debate se abordaron los objetivos, límites y márgenes de flexibilidad en la elaboración del calendario escolar, así como el peso del criterio pedagógico frente a otros factores organizativos, sociales y económicos.
Ana Asunción Díaz Gómez abrió la mesa destacando la necesidad de una planificación coherente y equilibrada, subrayando que el calendario escolar debe facilitar una organización eficaz de las evaluaciones y ser compatible con los principios de conciliación laboral y familiar. En este sentido, señaló que el calendario debe entenderse como “una herramienta estratégica que, correctamente diseñada, permite garantizar una planificación eficaz y aportar estabilidad organizativa a los centros”.
Desde la perspectiva de las familias, Mónica Haro Porres compartió la experiencia del calendario escolar implantado en Cantabria, recordando que, tras varios años de aplicación, sigue siendo necesario disponer de evaluaciones rigurosas que permitan valorar su eficacia. Señaló la dificultad de las familias para reorganizarse durante la semana no lectiva, el esfuerzo económico y organizativo que se ha trasladado a los ayuntamientos realizando actividades en esos días o el sobrecoste que puede suponer a las familias, además del impacto en la desconexión escolar de los niños. Puso de relieve el impacto directo del calendario escolar en la vida familiar y la importancia de que las decisiones se adopten atendiendo al bienestar de los alumnos y a la equidad, evitando sesgos que puedan afectar a determinados perfiles sociales.
Por su parte, Ramón Izquierdo incidió en la relevancia del criterio pedagógico como eje vertebrador sobre el que debe articularse el calendario escolar, advirtiendo de que otros factores pueden condicionar su diseño, como puede pasar con los modelos duales, el tejido productivo y otras singularidades que se deben observar. Defendió una mayor autonomía de los centros educativos y señaló que “los propios equipos directivos y claustros deben poder gestionar determinados márgenes de flexibilidad en función de los alumnos a los que atienden”. Se mostró favorable al modelo de Escuelas Europeas señalado pro el profesor Javier Valle y compartió con los asistentes la visión de comparativa nacional que trabajan desde ANPE.
Rafael Feíto Alonso centró su intervención en el impacto del calendario escolar sobre la igualdad de oportunidades, subrayando que no existen evidencias concluyentes que permitan afirmar que un mayor número de días lectivos, por sí solo, mejore el rendimiento académico. En este sentido, afirmó que “la clave no está tanto en la cantidad de días lectivos sino en cómo se distribuyen los tiempos de aprendizaje y descanso”, poniendo el acento en el uso educativo del tiempo y en la necesidad de avanzar hacia currículos más flexibles y significativos. También reflexionó sobre la pérdida de aprendizaje con las vacaciones más extensas y el impacto diferencial que éstas tienen en los alumnos, dependiendo de su contexto socioeconómico.
La mesa redonda puso de manifiesto la complejidad del debate y la necesidad de abordar el calendario escolar desde una perspectiva integral, que combine el rigor pedagógico con la atención a los factores sociales y organizativos, siempre desde el diálogo y la participación de toda la comunidad educativa.
Tras la pausa del café, la jornada continuó con la intervención de los presidentes de los Consejos Escolares de distintas comunidades autónomas, quienes compartieron sus experiencias y modelos en relación con la organización del calendario escolar desde una perspectiva territorial y comparada, bajo el título “El calendario escolar en otros consejos escolares autonómicos: retos y respuestas en la elaboración del calendario escolar”.
En primer lugar, Manuel Pérez García, presidente del Consejo Escolar de Andalucía, explicó que el calendario escolar andaluz está fijado por decreto, sin competencias directas del Consejo Escolar en su determinación. Establece 178 días lectivos en Infantil y Primaria y un mínimo de 175 en Secundaria. Señaló la autonomía existente a nivel provincial, municipal y de los centros para la fijación de determinados días no lectivos de carácter local. Esto se articula desde los Consejos Escolares municipales que existen en prácticamente todos los municipios con esta competencia.
Destacó medidas complementarias como el programa de refuerzo estival gratuito en julio, que se realiza con profesores del sistema que reciben una gratificación extraordinaria; y el esfuerzo inversor en climatización de los centros educativos, como condiciones necesarias para avanzar hacia modelos más flexibles. Finalmente, subrayó la ausencia de evidencias científicas concluyentes que vinculen el número de días lectivos con el rendimiento académico, insistiendo en que la mejora educativa depende principalmente de las prácticas pedagógicas y del uso educativo del tiempo escolar, sin perder de vista las necesidades sociales y los derechos laborales del personal educativo.
A continuación, Alicia Ruiz Oria, presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad Foral de Navarra, explicó que el Consejo Escolar no tiene competencias directas en su determinación, al depender de la normativa del Departamento de Educación. Indicó que los profesores se incorporan el 1 de septiembre y se cursan 175 días lectivos, con inicio en torno al 4 de septiembre y finalización a mediados de junio (17-18 de junio) en todas las etapas. Equilibrando estos días con la semana de Pascua, carnavales y el puente foral (entre el 3 y el 7 de diciembre), para mantenerse en los 175 días lectivos. Señaló que los centros disponen de siete días no lectivos de libre disposición, lo que permite adaptar el calendario a las realidades territoriales y a las fiestas locales.
Destacó la importancia de acompañar el calendario de medidas de apoyo social, como la ampliación de comedores escolares subvencionados en junio y septiembre, con especial atención a los alumnos vulnerables. Apuntó la necesidad de avanzar hacia modelos de mayor apertura y colaboración comunitaria en el ámbito educativo, con una visión de “educación 360” en la que están trabajando en la Comunidad Foral de Navarra.
Por último, Salvador Oliver Castellano, presidente del Consell Escolar de la Comunitat Valenciana, expuso el marco normativo que regula el calendario escolar en su comunidad, recordando que se rige por los criterios generales establecidos en la Orden de 11 de junio de 1998, aprobada con el dictamen del propio Consejo Escolar, y que cada curso se concreta mediante una resolución anual, sin que vuelva a pasar por el Consejo Escolar. Señaló que el calendario valenciano fija un mínimo de 175 días lectivos, situándose en la práctica en una horquilla cercana a la media de las Escuelas Europeas, con 181 días lectivos en el curso 2025-2026.
Asimismo, destacó el peso de la autonomía local en la configuración del calendario, subrayando el papel de los Consejos Escolares Municipales en la propuesta de hasta tres días no lectivos adicionales, ampliables de forma excepcional a cuatro en determinadas localidades, como ocurre con las festividades vinculadas a las Fallas. En este contexto, puso de relieve la importancia de mantener la estabilidad normativa, de articular el calendario desde el criterio pedagógico y de garantizar la participación de los órganos de representación de la comunidad educativa en su elaboración, atendiendo a las realidades sociales y territoriales de la Comunitat Valenciana.
Las intervenciones pusieron de manifiesto la diversidad de enfoques existentes entre las comunidades autónomas, el importante papel que juega la realidad local, así como la importancia de aprender de las distintas experiencias, respetando los marcos normativos comunes y apostando por soluciones adaptadas a cada realidad territorial.
Para finalizar la jornada, se realizó un trabajo por grupos en el que los participantes analizaron de manera conjunta las principales cuestiones abordadas a lo largo de la mañana, con el objetivo de profundizar en los criterios que deben orientar la elaboración del calendario escolar. En estos espacios de reflexión se puso de manifiesto un amplio consenso en torno a la necesidad de situar el criterio pedagógico como eje vertebrador del calendario, así como de avanzar hacia una distribución más equilibrada de los periodos lectivos y de descanso, prestando especial atención a la duración de los trimestres. Se insistió en la necesidad de separar los descansos de las evaluaciones para ajustar éstas a las necesidades pedagógicas.
Del mismo modo, se subrayó la conveniencia de reforzar la autonomía de los centros educativos y de los órganos de participación para la gestión de determinados días no lectivos, explorar fórmulas de flexibilidad como los denominados “días comodín” y el papel que debe jugar en esto la realidad local. También se subrayó la necesidad de promover medidas complementarias que contribuyan al bienestar de los más pequeños y a la conciliación familiar, siempre acompañadas de la adaptación de los centros y de los recursos necesarios. En este sentido, se pusieron en valor las iniciativas que ya se desarrollan en nuestra región como el programa “patios abiertos” o los campamentos organizados por las entidades locales, y que se ven necesarias para abordar la conciliación, no como una cuestión de la escuela, sino como una necesidad mucho más amplia.
Las conclusiones de los grupos se expusieron en una puesta en común final, en la que se destacó la necesidad de avanzar hacia un calendario escolar equilibrado, coherente y participativo, concebido como una herramienta al servicio del bienestar emocional, físico y académico de los alumnos, de la igualdad de oportunidades y de la mejora continua del sistema educativo en su conjunto.
La jornada se cerró con unas palabras de la presidenta del Consejo Escolar, Pilar Ponce, quien agradeció las aportaciones y reflexiones realizadas a lo largo de la mañana, tanto en los grupos de trabajo como en el plenario. Destacó el clima de diálogo y colaboración y recordó que la sesión está disponible en la web del Consejo Escolar, junto a otros materiales para poder seguir profundizando en la materia. Asimismo, reiteró la disposición permanente del Consejo Escolar a recibir propuestas y agradeció el esfuerzo y el tiempo dedicados por las personas participantes en favor de la educación madrileña.