La falta de rutinas en verano descontrola a los niños con TDAH

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A PARTIR DE LOS 6 AÑOS LA PREVALENCIA ES DEL 5%

El verano es una época que invita a romper con las rutinas establecidas durante el invierno. Sin embargo, el exceso de tiempo libre unido al cansancio acumulado durante el curso pueden alterar el ritmo normal de los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

26 julio 2017

Un trastorno del neurodesarrollo que, tal y como explica la doctora Cristina Cordero Castro, neuropediatra del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles, “se caracteriza por excesiva inquietud motora, dificultad en el control de impulsos y dificultad para mantener la atención durante un tiempo considerado como adecuado para la edad del niño.

Para tener un TDAH estos síntomas deben producir disfunción en las distintas áreas de desarrollo del mismo (generalmente en la esfera académica, familiar y/o social que son los ámbitos en los que suelen desarrollarse la vida de nuestros pequeños) y no suele diagnosticarse antes de los 6 años por ser difícil de distinguir de la inmadurez o la naturaleza normal de los niños más pequeños”. 

A día de hoy se considera que la prevalencia del TDAH es aproximadamente de un 5% de la población pediátrica a partir de los 6 años, es decir, prosigue la especialista, “al menos un niño en cada clase de veinte alumnos. Un problema, por tanto, no desdeñable y con el que pediatras, padres y profesores debemos estar familiarizados”.

El tratamiento de estos pacientes debe ser integral, es decir, “necesita un abordaje psicopedagógico y psicológico y, cuando estas medidas no son suficientes, un tratamiento farmacológico. Habitualmente basándonos en estos tres pilares y con mucho esfuerzo de los adultos que trabajamos con ellos, los síntomas mejoran considerablemente y el funcionamiento del niño en casa y en el colegio pasa a evolucionar favorablemente”, sostiene la Neuropediatra.

Recomendaciones para el verano
La doctora Cristina Cordero Castro ofrece una serie de recomendaciones para afrontar y disfrutar de unas merecidas vacaciones, como mantener las rutinas diarias, en niños con TDAH el tiempo sin estructurar y la falta de rutinas producen confusión y esto puede hacer que se muestren más inquietos. Por tanto, dentro del ocio y el descanso debemos mantener un entorno bien estructurado, respetando horarios y organizando su tiempo libre con actividades que le resulten interesantes.

También hay que entrenarlo para saber reaccionar en situaciones potencialmente peligrosas que puedan surgir de su inatención o su impulsividad (por ejemplo, saber a quién recurrir si se pierden en la playa, saberse el número de teléfono de los padres o llevarlo apuntado). Los niños con TDAH necesitan normas directas y explícitas, por lo que debéis reforzar y recordar las normas a seguir en ambientes potencialmente peligrosos si se comportan de forma impulsiva como puede ser una piscina.

Otros de los consejos es seguir trabajando sus dificultades de planificación y cumplimiento de normas de una forma lúdica. Pueden tener pequeñas responsabilidades que les resulten agradables como, por ejemplo, recoger leña para una barbacoa o ayudar en la cocina con una receta). Esto les permitirá ver objetivos cumplidos y recompensados. Se debe fomentar sus aptitudes. Casi todos los niños con TDAH tienen una habilidad especial, en la mayoría de los casos el curso académico no les permite desarrollarla por la carga escolar. Aprovechad el verano para reforzar y desarrollar esa actividad en la que destacan.

Hay que evitar “reñirle por todo” al niño. El verano es una época maravillosa de descanso y tiempo de ocio compartido con nuestros hijos, pero también aumenta las horas de convivencia y, muchas veces, los roces. Son inquietos, a veces insistentes, pero es muy importante distinguir lo que se considera “mala conducta” (desafiar, retar, desobedecer...) que no debemos permitir, de lo que es inquietud motriz, que no siempre pueden controlar y no siempre está siendo disruptiva. Aprended a distinguir entre una y otra situación y tened paciencia, evitad que sean niños “hiper-reñidos”, al final ellos mismos terminan creyendo que “todo lo hacen mal”.

Como norma general mantened la medicación. Siempre que los efectos secundarios lo permitan la medicación debe mantenerse durante el verano. Debemos romper con esa sensación de que es una pastilla “para estudiar”, hay que entender que es una medicación que ayuda a funcionar en todos los ambientes (incluidas esferas tan importantes como la social).