Programa del Paciente Frágil para preservar la autonomía de los mayores

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LA FRAGILIDAD, UN PROBLEMA DE SALUD RELEVANTE

Este programa se basa en tres pilares, la identificación precoz de los pacientes que más riesgo tienen de presentar deterioro -como sufrir pérdida de peso, disminución de la velocidad de marcha o sarcopenia-, además de superar los 75 años; la aplicación de un programa específico para evitar este deterioro y una estrategia multidisciplinar para prevenir el riesgo de confusión de estos pacientes cuando ingresan en el hospital.

01 marzo 2018

El segundo pilar se centra en la aplicación de un programa específico para evitar el citado deterioro funcional en el paciente, con medidas como la realización de ejercicio físico durante el ingreso (adaptado a su situación clínica), cuyo eje central es la deambulación diaria y supervisada, y para la que es fundamental la colaboración de familiares o cuidadores.

Para ello, se ha suministrado a todos los pacientes que cumplen los criterios una pulsera de actividad que registra los pasos diarios que realizan para motivar la deambulación y el ejercicio físico. Junto a estas medidas, se implementan otras para promover los autocuidados (estrategias para vestirse solos, uso de espesantes en el caso de pacientes con disfagia o dificultad para la deglución, etc) y la continencia urinaria (uso autónomo del baño…).

Finalmente, también se desarrolla una estrategia multidisciplinar para prevención del delirium hospitalario en la que se intenta, a través de una serie de medidas, disminuir el riesgo de cuadro confusional en estos pacientes. Con este objetivo, se han creado protocolos que intentan respetar sus horas de sueño y descanso aplicando cambios en los horarios de administración de la medicación y de extracción de analíticas, se fomenta la presencia de objetos personales (fotografías, zapatillas de casa, etc) y se ha dotado a las habitaciones de relojes y calendarios para orientar a los pacientes.

La fragilidad, un problema de salud relevante
El envejecimiento de la población que implica una serie de cambios fisiológicos en el individuo, a menudo acompañados de una merma en la propia capacidad para solventarlos, y la mejora de la asistencia sanitaria han generado nuevos problemas en el entorno hospitalario entre los que destaca el deterioro funcional asociado al ingreso.

Los pacientes de mayor edad, especialmente los que presentan cuadros adicionales que les hacen más vulnerables y frágiles, corren el peligro de perder su autonomía personal tras una hospitalización por un evento agudo, en muchos casos debido a la inmovilidad que experimentan durante ese periodo, que conduce a pérdida de masa muscular,de capacidad funcional y debilidad general. Según estudios recientes, los adultos mayores hospitalizados pasan sólo el 3% de su tiempo de pie o caminando, pese a que menos del 5% tiene indicaciones médicas de reposo en cama. Además, sus efectos pueden prolongarse más allá del ingreso, siendo mayor el riesgo de caídas incluso dos semanas después de alta hospitalaria.

Cambio de paradigma
En este escenario el método clínico habitual no es suficiente para abordar todos los problemas del paciente mayor preservando al mismo tiempo su autonomía. Conseguirlo pasa por cambiar la forma de atender a este tipo de paciente, respondiendo a sus necesidades clínicas, pero también a las funcionales, mentales y sociales.

En esta línea, el Hospital Universitario Infanta Elena puso en marcha en 2017 un programa, incluido en la Historia Clínica Electrónica, implica principalmente a los servicios de Geriatría, que impulsó el proyecto, Medicina Interna, Neumología y Traumatologíauna vez organizados todos los protocolos . Desde entonces más de 200 pacientes han sido incluidos en él, el 80 por ciento de los cuales recibieron el alta hospitalaria sin haber experimentado ninguna pérdida funcional, lo que confirma el éxito de la estrategia.