Identificar biomarcadores permite terapias individuales en cáncer de tiroides

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EL EMPLEO DE PRUEBAS DE IMAGEN FACILITA SU DIAGNÓSTICO PRECOZ

La incidencia de cáncer de tiroides ha aumentado dramáticamente en las últimas décadas con respecto a otros tumores y, en la actualidad, el carcinoma de tiroides se sitúa como el quinto tumor más frecuente en la mujer.

27 junio 2017

En España se diagnostican entre 2 a 4 cánceres de tiroides por cada 100.000 habitantes con datos de excelente supervivencia global, especialmente en los tumores diferenciados, debido a diversos factores como el diagnóstico precoz por el uso de pruebas de imagen más sensibles, especialistas dedicados a esta patología, así como el uso de biomarcadores en punciones de nódulos tiroideos y abordajes quirúrgicos más selectivos.

Así se puso de manifiesto en el “4º Simposio en Actualización en Carcinoma Diferenciado de Tiroides. Abordaje Multidisciplinar” organizado desde el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, integrado en la red sanitaria pública madrileña, por los doctores Manuel Durán Poveda, jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo y Brezo Martínez-Amores Martínez, médico adjunto del Servicio de Oncología Médica y responsable de la Unidad de Tumores Endocrinos.

“El cáncer de tiroides es tal vez uno de los tumores que más controversias generan en relación a su diagnóstico, tratamiento y seguimiento posterior y en su manejo se ven involucrados muchos especialistas que deben actuar con la máxima coordinación bajo el amparo del trabajo multidisciplinar” afirma el doctor Durán.

“La identificación de biomarcadores en las punciones nodulares aumentará la precisión diagnóstica y permitirá el diseño de tratamientos individualizados para cada paciente” matiza el doctor Durán. Entender su biología molecular resulta trascendental para determinar “cuál será su pronóstico, evidenciar causas de resistencia al tratamiento y permitir el desarrollo de terapias biológicas dirigidas en pacientes refractarios al radioyodo. La visión histológica pura de estos tumores es el pasado y a día de hoy debemos interpretarlos desde el punto de vista molecular”, añade el experto.

Este esfuerzo investigador ha dado sus frutos en la identificación de la proteína BRAF como factor pronóstico. Esta proteína resulta clave dentro de las cascadas intracelulares que provocan la proliferación descontrolada de la célula tumoral tiroidea. “La identificación de una mutación del gen que codifica esta proteína, entre otras, ha supuesto un cambio en el abordaje quirúrgico del cáncer de tiroides y debe plantearse en la práctica clínica real en todos los pacientes al diagnóstico” recuerda el doctor Durán.

Un punto de inflexión
Los pacientes con tumores avanzados refractarios a radioyodo y no candidatos a más tratamientos quirúrgicos presentan, en la actualidad, otras opciones terapéuticas no imaginables hace unos años. “Dado el carácter clásicamente quimiorresistente de estos tumores, el desarrollo de terapias dirigidas oncológicas ha supuesto un punto de inflexión con cifras de supervivencia nunca obtenidas hasta la fecha, gracias a la presencia de fármacos disponibles actualmente en práctica clínica y muchos otros en fase investigación, algo destacable para un tumor que supone el 1-2% de todos los cánceres en el mundo”, advierte la doctora Martínez-Amores.

A la espera de nuevas aprobaciones por las agencias reguladoras, los próximos retos se centran, según la especialista en Oncología, “en conocer cuál será la mejor secuencia de tratamientos para revertir las resistencias adquiridas por los fármacos y optimizar el manejo de sus efectos secundarios”.

Durante el simposio se debatieron las aportaciones del PET-TAC a estos tumores y las nuevas tecnologías aplicadas a la cirugía tiroidea, haciendo especial hincapié en los novedosos abordajes quirúrgicos a la glándula tiroidea como el acceso remoto y la aplicación de la cirugía robótica a esta patología. También se analizó la calidad de vida del paciente intervenido y la incorporación de la inmunoterapia al arsenal terapéutico en el paciente yodorefractario.