El Portal de Archivos muestra unas ordenanzas con quinientos años

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PERTENECEN A UNA COFRADÍA DE RASCAFRÍA

El documento, fechado en 1539, forma parte del Archivo Municipal de Rascafría y hace referencia a las constituciones y ordenanzas que regían la Cofradía de la Sangre de las Cinco Plagas de Jesucristo de la localidad. Es un documento de relevancia, puesto que la confirmación la hace la mayor autoridad del momento en Castilla por debajo del Rey, el Canciller Mayor Juan Tavera, que era también Arzobispo de Toledo e Inquisidor General del Reino.

28 febrero 2017

El Portal de Archivos muestra en su integridad este documento y explica que el término “plaga” es una versión arcaica de la palabra “llaga”, por lo que la cofradía honraba las cinco llagas que tuvo Jesucristo durante su crucifixión: las dos perforaciones de las manos, las dos de las piernas y la lanzada del costado. En el documento, que contiene numerosas curiosidades, destacan ordenanzas como las relativas al gobierno y elección de cargos.

La cofradía estaba gobernada por dos jueces, dos mayordomos o priostes, seis diputados y un mollidor, es decir, una persona encargada de mollir (convocar o llamar) a los cofrades. Asimismo, la cofradía contaba con un escribano, cuya función era la de escribir en un libro todas las cosas relativas al cabildo, libro que tenía obligación de guardar. Tanto al mollidor como al escribano el cabildo les pagaba “lo que justo fuere”.

Todos los cargos se elegían anualmente el día de la Santa Cruz de Mayo. Las personas que fueran nombradas para ocupar esos puestos tenían obligación de aceptarlos y desempeñarlos, so pena de un ducado de multa. Los mayordomos o priostes “viejos” tenían un plazo de ocho días para dar cuenta a los “nuevos” de todos los asuntos de la cofradía y entregarles la cera que tenían en su poder, so pena de doscientos maravedíes.

La cera como moneda de pago
La cera llegó a adquirir gran importancia dentro de las cofradías, tanto a nivel litúrgico como a nivel económico, ya que, en muchos casos, llegó a sustituir a la moneda como forma de pago dentro de ellas. Para guardar el caudal que se obtenía de la cera, las cofradías solían tener un “arca de la cera”, que normalmente era una caja de madera, con cerradura y rotulada con su nombre. Disponían también de: un “libro de la cera”, en el que se apuntaban las entradas y salidas de cera; y una “cesta de la cera” para transportarla.

Estas ordenanzas también recogen qué fiestas se celebraban al año y las obligaciones de los cofrades en cada una de ellas. Entre ellas, señala el documento, que cuando salieran en procesión, los cofrades tenían obligación de estar dos horas antes de que anocheciera en la iglesia de San Andrés, “so pena de una libra de cera” si no cumplían este requisito.

Una vez que anochecía, los cofrades salían en procesión, desnudos, vistiendo sólo unas camisas y disciplinándose durante todo el camino, es decir, azotándose con un instrumento hecho de cáñamo con varios ramales cuyos extremos son más gruesos. Para ello, cada cofrade tenía la obligación de tener en su casa una camisa y una disciplina, “so multa de una libra de cera”. En el caso de que el cofrade fuera pobre, el cabildo tenía la obligación de proporcionárselo.

Defensa de la unión entre cofrades
El documento señala que, en el caso de que un cofrade enfermara y fuese tan pobre que no tuviese medios para sustentarse, dos de los restantes cofrades estaban obligados a salir a pedir limosna por amor de Dios para esa persona, pero sin nombrar al cofrade que se encontraba en esa situación. En el caso de que el cofrade falleciese, todos los demás tenían que pagar dos maravedís para dar cinco misas por el alma del difunto.

La cofradía defendía la unión y amistad de todos los cofrades. Por ese motivo, se multaba con una libra de cera a los cofrades que provocaban revueltas en el cabildo o reñían con otro cofrade durante dicho cabildo o mantenían enemistad o enojo con otros hermanos de la cofradía.